Un paciente escribe cuando el consultorio lleva cinco horas cerrado. Cúspide le contesta, le ofrece horarios reales y le agenda la cita. Nadie tocó el teléfono.
En la agenda real de la doctora, en el hueco que sí existe. Recepción la ve al abrir el panel, con nombre, teléfono y motivo.
Recordatorio 24 horas antes y otro a las 2 horas. Si cancela, la lista de espera le ofrece ese hueco a quien lo esté esperando.
CFDI 4.0 con sello del SAT, PDF y XML al correo del paciente. Y el expediente queda firmado, conforme a la NOM‑004.
Sin registro, sin tarjeta, sin contraseña. Entras a un consultorio de prueba con pacientes y citas ya cargadas.
El 15 de enero de 2026 el DOF publicó un decreto que reforma la Ley General de Salud y vuelve obligatorio el uso de tecnologías de información en salud. Aplica a consultorios privados sin importar su tamaño, y no fijó un periodo de gracia — aunque la implementación es progresiva.
Art. 71 Bis — define la salud digital y establece la obligatoriedad de usar tecnologías de información.
Art. 71 Ter — mandato de digitalizar la información médica y garantizar su interoperabilidad.
Art. 71 Quáter — supervisión y sanciones por incumplimiento.
Una la sientes todos los días. La otra no la vas a sentir hasta que alguien te la pida.
Los pacientes escriben cuando pueden: en la noche, el domingo, mientras estás con alguien en el sillón. El que no recibe respuesta en unos minutos llama al consultorio de junto. Y el que sí la recibe, la recibe de una recepcionista que dejó lo que estaba haciendo.
La NOM‑004 pide historia clínica, notas de evolución firmadas, consentimientos con dos testigos y conservación por cinco años. Una libreta o un Excel no dan trazabilidad ni control de acceso, y desde enero eso dejó de ser un detalle administrativo.
En Latinoamérica, la mayoría de los presupuestos dentales nunca se convierten en tratamiento. Cotizas una corona de $6,500, un tratamiento de $18,000. El paciente dice "déjame lo pienso" y no vuelve a escribir. Sin un sistema, ese presupuesto muere en un cajón — y nunca ves cuánto dinero se junta ahí.
Cada presupuesto que el paciente no ha aceptado se marca como “necesita seguimiento”. Con un clic, el asistente le manda un recordatorio por WhatsApp — y lo que se perdía en silencio vuelve a la conversación.
Ves de un vistazo cuánto suman los tratamientos cotizados que aún no se cierran. No es “a ver si regresa”: es una lista de ventas por recuperar, ordenada por la que más te conviene atender primero.
Arcada en herradura con la anatomía real de cada pieza, 45 hallazgos con su marca propia, y una vista 3D del modelo completo. Se registra con un toque y queda sellado en el expediente con fecha y autor.
Del otro lado: presupuestos que se mandan por WhatsApp con un enlace privado que pide los últimos cuatro dígitos del teléfono del paciente para abrirse — y que te dice cuántas veces lo abrió. Un PDF no hace eso.
Un clic y entras a un consultorio de prueba completo: pacientes, citas, expedientes, presupuestos y cobros ya cargados. Puedes tocar todo, borrar todo y equivocarte todo lo que quieras.
Sin niveles, sin funciones bloqueadas, sin cobrar por usuario. Si tu consultorio cabe en un solo lugar, cabe en este plan.
Mientras tú descansas, Cúspide contesta los mensajes de tus pacientes, les agenda la cita y se las confirma. Cada mensaje que hoy se queda sin responder es una cita que se va con otro consultorio. Empieza a atenderlos todos — sin contratar a nadie más.
Te contesto yo, no un formulario automático. Si veo que Cúspide no te sirve, te lo digo.
Entra a la demo, dale una vuelta, y si te late escríbeme. Si no te sirve, no perdiste ni tu correo.